

Aquí os dejo a un amigo de Cat Tien. Pero no se preocupen que era buena gente y permaneció inmóvil; como si de una estatua se tratase.
El mundo en que camino desde la última página, interpretaciones e historias desde cualquier lugar con imágenes.

Al menos nos premiaron con cerveza y con la inestimable colaboración de esta señorita.
Estábamos predestinados a ello. Hasta Philippines Airlines nos recibió en el mostrador de facturación del aeropuerto con este lema. No nos quedó otra que unirnos a ella durante el fin de semana. Era una reunión de todo Asia, con gente de Japón, China y Filipinas. Pero Manila tembló bajo los pies del equipo titular vietnamita. Veni vidi vici.






No me quitaba el ojo de encima. Bueno, a mí no, a la cámara. A cada semáforo en el que paraba me buscaba entre las ruedas, gorros, máscaras y pañuelos. Y no es que fuera extraño ver a un occidental tirando fotos desde una moto, puesto que estaba en una de las calles más populares entre los turistas de Saigón, sin
o que le debí caer en gracia, bueno, no yo, la cámara. Estaba buscando imágenes representativas de la llegada de inversiones y la modernidad a este rincón del mundo, pero no había manera. Una tienda de postín, un sombrero cónico escondiendo un teléfono móvil; cualquier cosa valía. Sin embargo, cuando cualquier cosa vale no encuentras nada, es decir, el momento capturado para siempre te esquiva una y otra vez. Así que nada bueno encontré, aunque al menos ella me lanzó un saludo. 

Ampollas en los pies, heridas que no cicatrizan, frío de cojones (no encuentro una acepción que ilustre mejor tamaña sensación) y betadine de todo a 100. Tres días andando perdidos en la montaña. ¡Vaya que que si andamos Santini!. Al final, la contemplación por varias horas mereció la pena y mis ojos se emborracharon de belleza. Tras descender lo hicimos nosotros. Para muestra un par de botones.